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domingo, 2 de noviembre de 2025

On noviembre 02, 2025 by Paginas en Red in , , , , , ,    No comments

¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?

Una de las preguntas más antiguas de la humanidad, que ha confundido a filósofos, religiosos y científicos durante siglos, parece haber encontrado finalmente una respuesta gracias a la biología molecular.

Y aunque suene increíble, la ciencia apunta a que la gallina fue primero.

Pero… ¿cómo se llega a semejante conclusión? 

Todo gira en torno a una diminuta, pero fundamental, proteína llamada ovo-cleidina-17 (OC-17). Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Angewandte Chemie International Edition en 2010, cambió para siempre la forma en que entendemos el nacimiento de los huevos.

La ciencia lo confirma: la gallina fue antes que el huevo (y te explicamos por qué)

El misterio de la cáscara del huevo

El huevo es una de las estructuras naturales más perfectas que existen: ligera, resistente y diseñada para proteger la vida que crece en su interior.

Su cáscara, compuesta principalmente por carbonato de calcio, actúa como una fortaleza mineral que equilibra resistencia y permeabilidad, permitiendo el intercambio de gases y el desarrollo del embrión.

Sin embargo, la pregunta que intrigó a los científicos fue:

¿cómo se forma esa cáscara tan rápidamente dentro del cuerpo de la gallina?

El proceso ocurre en menos de 24 horas, un fenómeno bioquímico impresionante que exige una precisión extraordinaria. Aquí es donde entra en juego la protagonista de esta historia: la proteína OC-17.

La proteína OC-17: el secreto detrás de la cáscara

El estudio liderado por Freeman, Harding, Quigley y Rodger demostró que la OC-17 es una de las proteínas más abundantes en la matriz orgánica de la cáscara de huevo.

Su estructura molecular —similar a la de las lectinas, aunque con una función distinta— le permite guiar la formación de los cristales de calcita, el mineral que da rigidez a la cáscara.

Para entenderlo fácilmente:

La gallina produce la proteína OC-17.

Esta proteína reduce la energía necesaria para que el carbonato de calcio amorfo se convierta en calcita (cristal estable).

Como resultado, la cáscara del huevo se forma de manera eficiente y resistente.

Sin OC-17, este proceso sería caótico o casi imposible, lo que implicaría que los huevos no tendrían la estructura protectora que hoy conocemos.

Simulaciones que lo comprobaron

Los investigadores utilizaron simulaciones computacionales de alta precisión para observar cómo la proteína interactuaba con las moléculas de carbonato de calcio.

Descubrieron que la OC-17 se adhiere temporalmente a los núcleos del cristal, estabilizándolos hasta que crecen lo suficiente para mantenerse por sí solos. Luego, la proteína se desprende y puede iniciar el proceso en otra parte.

En otras palabras, actúa como una “semilla” biológica que desencadena la cristalización.

Sin esta intervención, el carbonato de calcio no se organizaría de manera eficiente, y la cáscara —tal como la conocemos— no podría formarse.

Entonces… ¿la gallina fue antes que el huevo?

Basándose en estos resultados, muchos científicos concluyeron que la gallina fue antes que el huevo.

No en un sentido metafórico o filosófico, sino estrictamente bioquímico:

el huevo con cáscara dura solo puede existir gracias a una proteína que solo produce la gallina.

Así, aunque los antepasados de las aves ya ponían huevos (como los reptiles o los dinosaurios), el “huevo moderno” —calcificado, resistente y evolutivamente optimizado— surgió solo cuando apareció este sistema biológico.

Podrían haber existido protohuevos sin cáscara rígida, pero el verdadero huevo de gallina depende directamente de esta proteína. En otras palabras, la biología de la gallina antecede al huevo que conocemos hoy.

Evolución y biología: una relación inseparable

Por supuesto, esta explicación no niega la evolución. De hecho, la refuerza.

El hallazgo muestra cómo pequeñas mutaciones genéticas —como la que permitió sintetizar la OC-17— pueden dar origen a grandes saltos evolutivos.

Los antepasados de las gallinas, al desarrollar esta proteína, lograron producir huevos más resistentes, lo que aumentó la supervivencia de sus crías y consolidó su linaje.

Así, la pregunta filosófica se transforma en una lección científica:

la vida no avanza por saltos mágicos, sino por adaptaciones moleculares que cambian el rumbo de las especies.

Un dilema resuelto (al menos en parte)

Entonces, aunque el estudio no responde a todas las versiones del dilema —especialmente las que tratan sobre la primera forma de vida o los ciclos evolutivos—, sí resuelve la cuestión dentro del contexto biológico moderno.

La evidencia es clara:

“Sin la gallina (o su maquinaria molecular), el huevo actual no podría existir”.

En otras palabras, el huevo necesita a la gallina para ser huevo.

Curiosidades del hallazgo

El estudio fue publicado en 2010 en la revista Angewandte Chemie International Edition, una de las más prestigiosas del mundo en química.

La proteína OC-17 fue identificada utilizando microscopía electrónica y modelado molecular avanzado.

Cada gallina puede producir hasta seis gramos de carbonato de calcio por huevo, una cantidad asombrosa si se considera la rapidez del proceso.

Este descubrimiento inspiró investigaciones en materiales biomiméticos, donde los científicos buscan replicar la eficiencia natural de la gallina para crear materiales ultrarresistentes.

Conclusión

El eterno debate sobre quién fue primero, la gallina o el huevo, encontró en la ciencia una respuesta elegante:

fue la gallina, o mejor dicho, su biología.

Gracias a una proteína diminuta pero crucial, la naturaleza resolvió el misterio con precisión química.

Y aunque el dilema filosófico seguirá vivo —porque al fin y al cabo, nos encanta cuestionar lo obvio—, la evidencia científica deja una huella clara:

la vida, en su complejidad, tiene respuestas tan fascinantes como la pregunta misma.

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