lunes, 7 de septiembre de 2026
Imagina abrir el mejor blog de Instagram y encontrar el vídeo de una enorme pantalla instalada en el centro de una ciudad. Todo parece preparado para anunciar una película, una marca de ropa o la nueva colaboración de algún influencer. Sin embargo, el rostro que aparece no pertenece a un actor ni a una estrella de internet. Es el de una persona que dedicó su vida a investigar el espacio, combatir enfermedades o mejorar la producción de alimentos.
Eso es lo que está ocurriendo en distintas zonas de China. Científicos como Qian Xuesen, Tu Youyou y Yuan Longping han comenzado a ocupar algunos de los espacios publicitarios más visibles de centros comerciales, plazas y edificios.
La iniciativa se hizo rápidamente popular en redes sociales y terminó llegando a Instagram, donde numerosas cuentas la presentaron como una forma de convertir a los científicos en las nuevas celebridades del país. Sin embargo, la versión viral esconde algunos matices importantes. China no ha eliminado toda su publicidad comercial ni ha reemplazado oficialmente a cada influencer por un investigador.
La realidad es más concreta: una acción local llamó la atención, fue imitada en otras ciudades y abrió una pregunta mucho más grande. ¿Por qué conocemos la vida de tantos influencers, pero apenas sabemos quiénes están detrás de los avances que transforman el mundo?
¿Qué está ocurriendo en China?
El movimiento comenzó a ganar notoriedad el 7 de agosto de 2026 en el condado de Shan, perteneciente a la ciudad de Heze, en la provincia de Shandong. Allí, un centro comercial sustituyó uno de sus espacios publicitarios por un retrato gigante de Qian Xuesen, una figura fundamental en el desarrollo aeroespacial chino.
La imagen medía aproximadamente 7,8 metros de alto por 5,6 metros de ancho. Se trataba de una instalación física colocada en la fachada del edificio, no de un montaje realizado con inteligencia artificial para conseguir visitas en redes sociales.
Cuando las personas comenzaron a fotografiar el cartel y compartirlo en internet, otros centros comerciales de Heze y de ciudades como Zibo realizaron acciones parecidas. Poco después, la idea llegó a Hailar, en Mongolia Interior, y a Hefei, en la provincia de Anhui. En algunos lugares se utilizaron pantallas LED y en otros se colocaron grandes carteles o cajas de luz.
Con el paso de las semanas aparecieron iniciativas similares en Jiangxi, Henan, Hubei y Xinjiang. En la ciudad de Artux, por ejemplo, las pantallas de varios centros comerciales y plazas comenzaron a mostrar retratos de Yuan Longping, Tu Youyou, Deng Jiaxian y Qian Xuesen acompañados por mensajes que los presentaban como estrellas dignas de admiración.
Por tanto, lo más preciso es hablar de una cadena de iniciativas locales que se extendió por distintas regiones. Algunas fueron impulsadas por comercios y otras terminaron convertidas en campañas públicas. No todas las pantallas de China modificaron su contenido y tampoco desaparecieron los anuncios de productos, artistas o personalidades famosas.
De las calles de China a los vídeos de Instagram
Las primeras fotografías llamaron la atención dentro de China, pero la historia adquirió una nueva dimensión cuando comenzó a circular en Instagram. Diferentes cuentas publicaron vídeos y carruseles con mensajes como “China está convirtiendo a sus científicos en estrellas” o “estos son los verdaderos influencers que una sociedad debería seguir”.
Resulta curioso que una campaña que cuestiona el protagonismo de las celebridades haya necesitado las herramientas de las redes sociales para hacerse conocida fuera del país. Los científicos se volvieron virales gracias a los mismos recursos utilizados habitualmente por los influencers: imágenes impactantes, música emotiva, frases breves y vídeos diseñados para ser compartidos.
Instagram hizo que una acción desarrollada en algunas ciudades fuera percibida como un gran movimiento nacional. Esto demuestra tanto el poder como el riesgo de las redes. Un vídeo de pocos segundos puede despertar curiosidad y llevar una buena idea al otro lado del mundo, pero también puede eliminar detalles importantes y presentar una realidad más simple de lo que realmente es.
La frase “China reemplaza a sus celebridades por científicos” funciona muy bien como titular. Provoca sorpresa, genera comentarios y anima a compartir la publicación. El problema es que no explica que muchas de estas acciones surgieron de manera local ni que solamente ocuparon determinados espacios publicitarios.
¿Quiénes son los científicos convertidos en protagonistas?
Uno de los rostros más repetidos es el de Qian Xuesen, ingeniero que ayudó a establecer las bases de los programas chinos de cohetes, satélites y exploración espacial. En 1957 fue uno de los investigadores que propusieron que China desarrollara su propio programa de satélites. Ese proceso contribuyó al lanzamiento del primer satélite del país en 1970.
También aparece Tu Youyou, investigadora conocida por su participación en el descubrimiento de la artemisinina. Esta sustancia se convirtió en la base de tratamientos fundamentales contra la malaria y su trabajo fue reconocido con el Premio Nobel de Medicina en 2015.
Otro de los protagonistas es Yuan Longping, especialista en agricultura y pionero del arroz híbrido de alto rendimiento. Sus investigaciones permitieron desarrollar variedades capaces de producir una mayor cantidad de alimento por superficie cultivada, algo especialmente importante para la seguridad alimentaria.
En las campañas también han aparecido Deng Jiaxian, vinculado al desarrollo de la física nuclear china; Nan Rendong, impulsor del radiotelescopio FAST; Lin Qiaozhi, pionera de la obstetricia moderna en el país; y Gu Fangzhou, reconocido por su trabajo contra la poliomielitis.
Estos nombres representan áreas muy diferentes. Sus retratos recuerdan que la ciencia no ocurre únicamente en laboratorios llenos de microscopios. También se desarrolla en hospitales, campos de cultivo, universidades, observatorios astronómicos y centros tecnológicos.
Científicos contra influencers: ¿es realmente necesario elegir?
La comparación entre científicos e influencers ha sido una de las principales razones por las que la historia despertó tanta atención en Instagram. Muchos comentarios celebran que los investigadores ocupen un lugar normalmente reservado para personas famosas por su aspecto, estilo de vida o cantidad de seguidores.
Sin embargo, presentar el tema como una lucha entre “científicos buenos” e “influencers superficiales” sería demasiado sencillo. Ser influencer no describe necesariamente la calidad de lo que una persona comunica. Existen creadores que divulgan conocimientos sobre astronomía, medicina, biología, historia o medioambiente y consiguen explicar asuntos complejos a millones de seguidores.
Un científico también puede convertirse en influencer si utiliza su conocimiento para generar interés, orientar conversaciones y acercar la investigación al público. De hecho, la ciencia necesita comunicadores capaces de traducir ideas difíciles a un lenguaje que cualquier persona pueda comprender.
El verdadero problema no es que existan influencers. La cuestión es qué tipo de contenidos reciben mayor visibilidad y por qué. Las redes sociales utilizan sistemas de recomendación para intentar mostrar aquello que puede resultar relevante para cada usuario. Las vistas, los comentarios, los contenidos compartidos y los guardados forman parte de las señales que permiten medir el rendimiento de una publicación.
Estos sistemas no determinan qué persona ha realizado la mayor aportación a la humanidad. Su función es predecir qué contenido puede mantener nuestra atención. Por eso, una fotografía de moda, una polémica o un vídeo humorístico puede extenderse con más facilidad que una explicación sobre física nuclear.
La campaña china introduce a los científicos dentro de esa competencia por la atención. Utiliza retratos enormes y mensajes emotivos para lograr que la gente se detenga, saque el teléfono y comparta la imagen. En cierto modo, convierte a los investigadores en protagonistas de un contenido pensado para volverse viral.
¿Puede Instagram ayudar a crear nuevos referentes científicos?
Una publicación viral no hará que miles de adolescentes quieran estudiar ciencia de manera inmediata. No obstante, ver repetidamente a una persona puede despertar curiosidad y hacer que su profesión parezca más cercana.
Una revisión de 55 investigaciones sobre modelos científicos encontró que estos pueden aumentar la motivación hacia las carreras STEM, aunque su efecto depende de cómo sean presentados. Los estudiantes conectan mejor con referentes con los que encuentran alguna semejanza y cuya trayectoria consideran difícil, pero posible de alcanzar. Cuando un científico aparece únicamente como un genio perfecto e inimitable, el resultado incluso puede ser desmotivador.
Otro estudio comprobó que los alumnos se identificaban más con los científicos cuando, además de conocer sus investigaciones y ver sus fotografías, descubrían detalles sobre sus experiencias, aficiones, dificultades y personalidad. El rostro consigue llamar la atención, pero la historia humana es la que crea una verdadera conexión.
Aquí es donde Instagram podría aportar mucho más que una simple foto. Un carrusel puede explicar un descubrimiento mediante varias imágenes. Un Reel puede contar en menos de un minuto qué problema resolvió una científica. Una transmisión en directo puede permitir que estudiantes hagan preguntas a investigadores que todavía trabajan en laboratorios o universidades.
Las pantallas gigantes pueden ser el primer contacto. Instagram, los pódcast, YouTube y los proyectos educativos pueden continuar la historia.
El riesgo de convertir la ciencia en un culto a la personalidad
Reconocer públicamente a los científicos es positivo, pero también conviene evitar presentarlos como personajes perfectos. Los grandes descubrimientos casi nunca son obra de una sola persona. Detrás de cada avance existen equipos, técnicos, docentes, estudiantes, instituciones y años de trabajo colectivo.
La ciencia tampoco progresa porque ciertas personas siempre tengan razón. Avanza mediante preguntas, errores, experimentos, discusiones y correcciones. Si los científicos son transformados en héroes intocables, se puede ocultar aquello que hace valioso al pensamiento científico: cambiar una explicación cuando las pruebas muestran que estaba equivocada.
Una campaña realmente educativa debería contar los logros, pero también los obstáculos. Saber que un investigador se equivocó, tuvo dudas o necesitó muchos intentos puede ser más inspirador que conocer únicamente sus premios.
Además, convendría mostrar científicos de diferentes edades, orígenes y áreas de trabajo. Si todas las pantallas presentan el mismo tipo de figura solemne y distante, muchos jóvenes seguirán pensando que la investigación es una actividad reservada para personas excepcionales.
¿Podría hacerse algo similar en México y Latinoamérica?
México y el resto de América Latina tienen suficientes historias científicas para llenar las pantallas de centros comerciales, plazas, aeropuertos y estaciones.
Podrían aparecer Mario Molina y sus investigaciones sobre el daño que los gases CFC causan en la capa de ozono; Luis Ernesto Miramontes y la síntesis de la noretisterona utilizada en los primeros anticonceptivos orales; Susana López Charretón y sus estudios sobre los rotavirus; o Evangelina Villegas y su trabajo para desarrollar maíz con una mejor calidad nutricional.
La propuesta podría combinar el espacio físico con las redes sociales. Cada retrato tendría un código QR que llevara a un perfil de Instagram con vídeos, fotografías, explicaciones sencillas y relatos sobre la vida de la persona homenajeada. Los divulgadores e influencers podrían colaborar con científicos para presentar esas historias a nuevas audiencias.
No se trataría de expulsar a músicos, actores o creadores de contenido de las pantallas. El objetivo sería ampliar el grupo de personas que una sociedad considera dignas de reconocimiento.
Una pantalla gigante no sustituye una buena educación, un laboratorio equipado ni la inversión en investigación. Sin embargo, puede provocar algo importante: que una persona levante la mirada, descubra un nombre desconocido y quiera saber más.
Instagram puede transformar esa curiosidad de unos segundos en una historia compartida por millones. La pregunta es qué decidimos hacer con esa atención.
Porque las personas que una sociedad convierte en famosas no solo muestran lo que esa sociedad admira en el presente. También pueden influir en aquello que sus jóvenes soñarán con ser en el futuro.
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